ATALAYAS Y SENDEROS

Fragmentos de un Diario de "Apuntes y Notas"
que Ernesto Mayz Vallenilla escribe desde el año 1950
y que sobrepasa las 12.000 páginas.

 

¿Para quién escribe el filósofo? No lo
sabe... si, en verdad, es filósofo.
¿Para quién escribo estas páginas?
No lo sé... aunque presiento a mis
anónimos destinatarios... sin lograr
concretar los perfiles de sus
motivaciones... ni finalidades.

Imagino que serán utopistas de una
singular ucronía... con vagos atisbos
galaxiales... desengañados de las
promesas ofrecidas por el fracasado
sueño planetario. Buscadores de una
vida deslastrada de sus ídolos y
límites terrenales, perpleja ante sí
misma, ansiosa de encontrar
compañía en la inimaginable
vastedad del cosmos... para nutrir su
curiosidad, escudriñar misterios y
descifrar enigmas invencidos.

Argonautas de un viaje sin destino...
hacia el abismo, energizados por el
oscuro impulso del eros, sediento de
su perdida otredad.

 (23/4/95  p.m.)

 

DE HOY

Quisiera imponerme un largo y riguroso silencio… hasta que mi pensamiento lograra despojarse de algunos ritornellos que lo atan a doctrinas ajenas, a conceptos heredados de la escuela, a tradiciones venerables… pero que no se adecúan, totalmente, a lo que deseo y pretendo expresar. ¿Pero cómo lograr esto sin balbucear mi propio idioma? ¿Cómo reconocerme sin encontrar, primero, aquello que pueda identificar mi propio mundo? ¿Y cómo expresar éste sin ir logrando, día a día, apresarlo en palabras, conceptos, o ideas parciales?
Por eso escribo. De allí esa pasión -casi manía- de escribir continuamente este diario. Voy dejando en sus páginas, infatigablemente, memoria de lo que pienso, intuyo, vislumbro apenas… De esto habría que rescatar sólo aquello que la criba del tiempo demuestre ser propio, instransferible, personal… ¿Pero es posible eso? ¿Hay algo absolutamente personal o instransferible en cualquier pensamiento? Yo -¿quién lo duda?- soy deudor de Heidegger… éste de Husserl, Kierkegaard, Aristóteles… la cadena es infinita… al modo de una interminable serie ecológica donde todos se alimentan de todos…
¿Entonces? Lo importante es digerir, transformar los alimentos, utilizar los excrementos para hacer crecer las rosas… ¿Tiene algo de un proceso semejante el presente diario? No lo sé. Pero confío en que así sea. Al menos tengo tranquila mi conciencia y espero con sosiego y calma el juicio del futuro. Nadie podrá encontrar ni plagios ni despojos efectuados en forma subrepticia o con mala fe. Todo está hecho a pleno sol, citando fuentes, sin omitir detalles. Por eso mismo, y por contraste, lo propio, si lo hay, puede reconocerse fácilmente. Será mi cortesía para quienes tengan la paciencia de leer estas interminables páginas...

27/9/80

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DE LA MEDITACIÓN

Una de las condiciones, previas y necesarias, para la creación filosófica es alcanzar un estado de imperturbabilidad en el pensar. Sólo de tal manera es capaz de brotar el pensamiento, dejarse oir, visualizar sus creaturas, las ideas…
¿Pero cómo es posible alcanzar o lograr aquel estado? ¿Qué pasos dar, cuál vía seguir, qué artificios ensayar para provocarlo y luego mantenerlo? He aquí algo difícil de expresar. Y, todavía más, de convertir en realidad.
En medio del diario vivir, el hombre es prisionero del agitado mundo de las sensaciones, experiencias, vivencias fugitivas. Como un tropel invaden el escenario de la conciencia, excitándola y sumiéndola en sus vaivenes y tumultos. La mente semeja un turbulento río, con sus remolinos y remansos, en continua e indetenible marcha. ¿Cómo acallar sus voces, gritos y murmullos? ¿Cómo lograr que de su seno emerjan y se destaquen las ideas que buscamos? ¿Cómo hacerlas aflorar?
Se trata de todo un arte cinegético.
Efectivamente, asumido por la voluntad el correspondiente designio, debe quien medita ensayar una múltiple y compleja operación.
a) la aproximación hacia la mente: la espera;
b) el sigilio;
c) la cautela;
d) el alerta.
Todos estos movimientos -o actitudes- deben ser practicados metódicamente, una y otra vez, hasta acostumbrar la mente a la meditación creadora.
Tal vez -no se me escapa- semejantes pasos, y el arte total de la meditación, se encuentran perfectamente diseñados y estudiados en las filosofías orientales. He querido solamente, en mi desconocimiento de ello, dejar aquí noticia de este testimonio personal.

20/3/80

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DE LA CREACIÓN

¡Feliz el creador que sabe, a ciencia cierta, valorar sus creaciones! Intuye que ha logrado arrancarle -al mundo, a la vida, al misterio- un secreto, una palabra, una cifra. Su conciencia se llena de un júbilo indescriptible, inefable, incontenible. ¡Eureka! Tal es la expresión que simboliza aquello.
Sabe, a ciencia cierta, que su paso por la tierra no fue inútil. Que su finitud fructificó: que otros, a su debido tiempo, seguirán su senda, dialogarán con él, comulgarán con la luz y transparencia de su espíritu… Se siente acompañado por la comunidad del intelecto. No ha hollado el camino en balde. Ha dejado su huella. Lo recordarán… lo comprenderán… más allá de las vicisitudes y pasiones del presente… De tal manera tiene la certeza de haber cumplido su deber y su misión. De ser un auténtico pedagogo… cuyos discípulos aguardan en la lejanía.

27/3/80

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Hoy ha caído la primera lluvia del año. Oigo afuera el tormentoso aguacero, el golpeteo del agua contra las sedientas hojas. Hay una oscuridad en el aire. Se presiente una tempestad a lo lejos. Los truenos resuenan como desbocados caballos. Una centella hiere repentinamente el firmamento.
Me gusta la lluvia. La de hoy, como todas las primeras, trae un mensaje de vida, es heraldo de la fecundación, simboliza la reconciliación de la naturaleza consigo misma. De ella emana un aliento renovador, un germen de esperanza, una promesa de supervivencia.
Pienso en la universidad. Allí dejé construida una presa para recoger el agua de todas las vertientes del valle. Sembré más de un millón de árboles. Ahora estarán recibiendo esta primera lluvia después de un largo verano. Las generaciones del porvenir -entresueño- gozarán de la sombra de los gigantes mijaos, castaños y bucares que seguirán creciendo ahora. Y recordarán al filosófo y a su jardín. Verán y recorrerán las sendas y caminos por donde él solía meditar, a solas consigo mismo, mientras soñaba en construir el futuro.
Aquí estoy. Oigo la lluvia. Rememoro. Me acosa cierta nostalgia. Pero, en el fondo, me acompaña una transparente alegría… Es la recompensa del deber cumplido.

14/4/80 p.m.

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DE HOY

Hay dos actitudes radicalmente distintas en el filosofar. Una es la que guía al erudito, al profesor, o al diletante; y, la otra, al genuino creador. Aquélla se complace en aparentar que se sabe y su finalidad es demostrarle al lector el dominio o maestría que se tiene sobre la materia. Para ello se recurre a todo tipo de artificios y su propósito consiste en hacer gala de la mayor suma de conocimientos posibles.
El genuino creador está guiado -constreñido, para mejor decir- por otras motivaciones. Piensa porque tiene necesidad de ello: para aclararse las dudas, profundizar los problemas, sosegar una inquietud intelectual que lo devora por dentro. Tiembla al avanzar un paso. No sabe si ha errado, o si lo dicho o pensado es ya cosa sabida y mejor entendida por otro. Pero esto no le importa: quiere conquistar la verdad -sea archisabida- por sí mismo, con su propio esfuerzo. Quiere apresarla y desvelarla en su intransferible intimidad, que resplandezca en su mente, que se le entregue porque ha llegado a ella siguiendo su interior desarrollo.
Y no le importa, una vez que posee la verdad, comunicarla a otros. Esto, incluso, le fastidia. Lo hace por deber y obligación pedagógica, o por imperativo moral: no es justo atesorar sin compartir... Pero es latosísimo reconstruir, paso a paso, el milagroso e instantáneo proceso en que la verdad resplandece y, de pronto, todo se ilumina. Ese gozo, esa exultante alegría que entonces se siente, es la auténtica recompensa y gratificación del verdadero creador. Es el momento más hondo que pueda experimentar en su vivida finitud: es el límite que señala su apertura hacia la trascendencia y la posibilidad de un dialógo con ella…

21/4/80

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DE HOY
  Vida,
secreta fuerza, sombra invisible, hondo murmullo,
de donde brota la esperanza
y el amor se reconcilia con la muerte,
en un cántico infinito de milagros y resurrecciones
que tejen la lucha entre el hombre y su dios.

18/8/80

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PODER Y CREACIÓN

Crear es ir descubriendo las dormidas potencialidades que atesora la mente, ensanchar el reino de nuestra visión y comunión con el mundo, profundizar el dominio que podemos ejercer sobre lo otrora ignoto y milagroso de sus relaciones. Es, en síntesis, construir día a día una morada más humana donde resplandezca la huella de la inteligencia y la razón: la medida del hombre.
Crear es, asimismo, luchar contra el azar, lo fortuito, lo arbitrario. Es trazar la norma y hacerla obedecer: expresión del poder. Poder y creación son, en tal sentido, faz y contrafaz de una idéntica esperanza: la que guía al hombre cuando se contempla y conduce como medida de todas las cosas…
¿Qué sostiene semejante pretensión? He aquí la fundamental pregunta. ¿Estamos, acaso, en presencia de un círculo? ¿Es el poder fundamento de sí mismo? ¿Constituye la raíz de la existencia, valga decir, el ser mismo del hombre?
Y aún más: ¿se trasluce en ello la faz o apariencia del Ser en cuanto tal? Ser = Poder. ¿Qué significa poder en tal contexto? ¿Potencia, dynamis, posibilidad? ¿Qué relación guarda la posibilidad con la creación? Recuerdo a Kierkegaard: “Lo posible es un espejo extraordinario, al cual hay que usar con suma prudencia” (Tratado de la Desesperación, Libro III, Capítulo I, 2b).
¡Cuidemos, pues, el uso de los términos! La imaginación -partera de la posibilidad- puede jugarnos una mala pasada. Reflexionemos sobre la creación: ella es la expresión indudable del poder. Quedémonos en ello. Afinquemos los pies sobre la dura arena. Es mejor para el auténtico pensar y, también, para la genuina o verdadera creación.

27/9/80

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No es con odios ni con resentimientos cómo se construye la historia. Se requiere, ante todo, ideas que descubran y ofrezcan a los pueblos nuevos horizontes, renovadas perspectivas, para su quehacer y su destino. Es imprescindible exponer un proyecto de donde emerja una imperativa llamada que convoque a la acción e insufle las energías necesarias para su realización. Es preciso, asimismo, encontrar los hombres en quienes los pueblos vean encarnarse aquellas ideas y cuyos actos susciten su adhesión, su respeto y su confianza. Sin ellos, la más elevada idea queda huérfana y se convierte en un vacío espectro…

23/10/80

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A MEDIA NOCHE
 

Hablar…
es recordar palabras que duermen
como temblorosos pájaros,
y echarlos a volar,
despavoridos,
insomnes,
sin rumbo,
hacia la oscuridad,
sintiendo el palpitante latido
de su vida
y el silencioso abismo
que las rodea
en su orfandad.
¿A dónde irán?
¿Hacia qué desconocido mundo
fluye su destino?
¿Se disuelve,
se evapora,
retorna, acaso,
como un vacío soplo,
hasta la nada?
¡Venid!
¡Decídmelo!
¡Os espero a la puerta de la inociencia!

30/11/80


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SOBRE LA ESPERANZA

El auténtico sentido y valor de la esperanza es aquel que ella adquiere cuando se produce y conjuga dentro de la finitud, valga decir, como una esperanza finita. Sólo así es ella, estrictamente, humana. Una esperanza que rebase o trascienda la finitud -esto es: que extienda y adquiera su sentido proponiendo un “más allá”- es una esperanza ficticia, imaginaria y teológica.
Lo mismo sucede con el amor… y, en general, con todos los sentimientos, temples y valores que emergen de la existencia. Únicamente en relación a la finitud -brotando de la compresión y aceptación de ésta- tienen aquéllos un sentido auténtica y rigurosamente humano. De resto… son construcciones de una razón desesperada que busca un escape...
¿Y Dios? Dejemos sin responder esta pregunta.

14/12/80

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