Nada fácil resulta luchar contra los
prejuicios –descubrirlos, analizarlos,
criticarlos y tratar de suprimirlos– a fin
de efectuar el necesario avance que
exige toda transformación histórica. De más está decir –por esto mismo– que nos asiste una plena y lúcida conciencia acerca de la resistencia que hallarán las ideas. que. expondremos. .Los .hombres –a veces sin saberlo, y otras por irracional convencimiento– se aferran a ellos con dramática insistencia, tal como si abandonarlos significara que la vida perdiera su sentido y fundamento.
Y, en verdad, tienen razón.

 

continúa...

 

 

 




 

¿Para quién escribe el filósofo? No lo
sabe... si, en verdad, es filósofo.
¿Para quién escribo estas páginas?
No lo sé... aunque presiento a mis
anónimos destinatarios... sin lograr
concretar los perfiles de sus
motivaciones... ni finalidades.

Imagino que serán utopistas de una
singular ucronía... con vagos atisbos
galaxiales... desengañados de las
promesas ofrecidas por el fracasado
sueño planetario. Buscadores de una vida deslastrada de sus ídolos y
límites terrenales, perpleja ante sí
misma, ansiosa de encontrar
compañía en la inimaginable
vastedad del cosmos... para nutrir su curiosidad, escudriñar misterios y
descifrar enigmas invencidos.

Argonautas de un viaje sin destino...
hacia el abismo, energizados por el
oscuro impulso del eros, sediento de
su perdida otredad.

(23/4/95 p.m.)